Las estrategias de tratamiento antimicrobiano de la colonización e infección por Pseudomonas aeruginosa en los pacientes con FQ deben contemplar, además del beneficio inmediato producido tras su administración, la repercusión a medio o largo plazo sobre el desarrollo de resistencias y sus consecuencias para el paciente.
Se pueden distinguir 4 situaciones distintas que requieren una aproximación terapéutica diferente (7):
Tratamiento profiláctico. El uso profiláctico de antimicrobianos para prevenir la colonización inicial por P. aeruginosa sólo se ha empleado con este fin de forma anecdótica sin que queden claros los beneficios derivados de su utilización (8).
Tratamiento en la fase de colonización inicial. Debe instaurarse lo antes posible y de forma contundente, ya que si existe una oportunidad de erradicar por completo la P. aeruginosa de las vías respiratorias de los pacientes con FQ, ésta se produce durante la etapa inicial de colonización, antes de que se desarrolle la colonización crónica característica (9). Esto se debe a que, en los estadios iniciales el inóculo bacteriano en el pulmón del paciente con FQ es menor y, sobre todo, a que las cepas de P. aeruginosa presentan características convencionales y no las típicas en estos pacientes (cepas mucosas, hipermutadoras o resistentes a múltiples antimicrobianos) que dificultan enormemente su erradicación. El uso de tratamientos iniciales agresivos consigue erradicar P. aeruginosa, por lo que los cultivos para este microorganismo permanecen negativos incluso varios años después de completado el tratamiento antimicrobiano.
Tratamiento de la colonización crónica. Se denomina también de mantenimiento o supresivo crónico. Una vez instaurada la colonización pulmonar crónica por P. aeruginosa resulta virtualmente imposible, al menos con la perspectiva actual, su erradicación completa. El objetivo del tratamiento una vez alcanzado este estadio es minimizar el efecto deletéreo a medio o largo plazo provocado por la persistencia de este microorganismo. El daño pulmonar progresivo producido por la inflamación continua, incluso en ausencia de exacerbaciones, determina la necesidad de establecer tratamientos de mantenimiento destinados a reducir de forma sostenida la carga bacteriana y, por tanto, la consecuente respuesta inflamatoria. Se ha demostrado que el tratamiento supresivo crónico (incluso en ausencia de exacerbaciones) no sólo evita el deterioro de la función pulmonar sino que también puede favorecer su recuperación (10).
Tratamiento de la exacerbación respiratoria aguda. Conceptualmente el tratamiento debe consistir en la reducción inmediata del inóculo bacteriano, con frecuencia incrementado sobre los valores habituales (11). Para este fin es necesario el uso de terapias agresivas por vía intravenosa excepto en las exacerbaciones leves, en las que se prefieren fármacos por vía oral. Hasta el momento no se ha contrastado la eficacia de los antimicrobianos por vía inhalada para este propósito.